jueves, 3 de junio de 2010

Una novela bajo cero


Fue Borges quien escribió en una de sus Ficciones que la paternidad –además de los espejos- resulta abominable, ya que multiplica y divulga el universo.

En “Este libro vale un cadáver”, Marcelo Lillo, un escritor estilísticamente en las antípodas del trasandino, hace por completo suya esa premisa.

Con título de novela negra, la historia comienza justamente con una muerte, pero no se trata de un crimen, sino de un suicidio que abrirá una trama existencial y metafísica en donde el autor llevará al extremo su obsesión por el tópico paterno-filial.

“Todavía no conozco a un padre que no quiera asesinar a sus hijos cuando estos han crecido y no se dejan enseñar, cuando asumen una independencia irritante, pero verlos en realidad muertos pertenece a un libro distinto”, reflexiona el protagonista, un profesor cincuentón que despierta de madrugada con la noticia de que su único hijo se ha cortado las venas.

Solitario, el padre elude los ritos e inicia un flagelante calvario que cesa cuando esparce las cenizas de Sebastián en el mar, mientras escena tras escena el texto nos convence de que estamos en Valdivia y terminamos en Niebla.

Con la prosa fría y “sin anestesia” que lo caracteriza, Lillo, valdiviano a su pesar, se pasea a ratos por el melodrama más lacrimógeno e incluso abre las páginas de esta, su primera novela, a la figura de un fantasma. Pero claro, todo abrigo de humanidad es sólo la promesa de una “manta de hielo” que este libro termina por echarnos sobre los hombros.

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