domingo, 20 de febrero de 2011

Las cosas por su nombre



Vivimos en un mundo lleno de COSAS y adquirirlas se constituye en la razón de ser de muchas personas, sin que nos detengamos a pensar en el impacto que este modo de vida tiene sobre el planeta.

LA HISTORIA DE LAS COSAS (FCE, 2010) de Annie Leornard, viene a sentar en el banquillo a muchas supuestas “verdades”, entre ellas, la que dice que consumir en exceso es parte de la naturaleza humana y que comprar es un deber casi sagrado para mantener el ritmo del “progreso”.

Asimismo, y lo principal, se trata de un llamado de atención y un recorrido muy didáctico y ameno por esa larga historia que encierra el flujo de los materiales a través de la economía o, lo que es lo mismo, la ruta de la basura.

La autora se hizo conocida a nivel mundial gracias al documental titulado de forma homónina (The Story of Stuff, en inglés), el cual fue lanzado en 2007 y ya ha sido visto por más de 12 millones de personas. En él mostraba el trasfondo muchas veces desconocido de las diversas etapas por las que atraviesan artículos de uso cotidiano, temática que aborda con más detenimiento en las 390 páginas de este libro.

De esta forma, la obra revisa, con una diversidad de ejemplos de distintas latitudes, los procesos de extracción, producción, distribución, consumo y desecho. En cada uno de ellos abre interrogantes y alarmas, pero también pone sobre la mesa esperanzas y vías de solución que no parecen tan utópicas.

“¡En realidad, estoy a favor de las COSAS! Quiero que valoremos más nuestras COSAS, que las cuidemos, que les brindemos el debido respeto. Quiero que reconozcamos en cada cosa comprada la mano de obra y los innumerables recursos que le dieron origen”, aclara con pasión la autora, quien subraya que no faltan cosas, sino que compartirlas.

En el fondo, LA HISTORIA DE LAS COSAS supone un profunda crítica al sistema capitalista, modelo dominante que valora el crecimiento como fin en sí mismo, visión en la que radica gran parte del problema. Por lo mismo, sostiene que el capitalismo, tal como funciona hoy, no es sostenible. Y es que, por ejemplo, si todo el mundo consumiera recursos al nivel que lo hace Estados Unidos, serían necesarios cinco planetas Tierra para poder sostener la vida.

Ante este panorama, uno de los principales desafíos, junto con reducir el hiperconsumo, es el de la equidad, ya que por contraste, existen naciones que requieren con urgencia poder aumentar su consumo para satisfacer las necesidades básicas de su población.

Otros tópicos relevantes que aborda el libro son los que tienen que ver con la utilización de elementos tóxicos en la fabricación de nuestras cosas, ejemplificando varios casos de productos altamente nocivos para la salud y el medio ambiente. Entre éstos, destaca el PVC.

Y entre los que más derrochan recursos, Leonard apunta a las latas de aluminio, en cuya producción se ocupan ingentes cantidades de energía y se generan gigantescas emisiones de CO2, uno de los principales responsables del calentamiento global.

Este gas se produce en todas las etapas de nuestras COSAS, una historia que, no obstante, puede reescribirse con un final feliz. Esto, si es que se cambian los paradigmas de progreso que actualmente imperan y se avanza hacia una sociedad basada en el compartir y en la reciprocidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario