¿Qué tienen en común Liszt, Saint-Säens y Black Sabbath?
Bueno, que todos han usado el trítono o intervalo de cuarta aumentada (el paso
del Sol al Do sostenido, por ejemplo) para representar lo demoniaco en alguna
composición. Este dato, que puede parecer digno de algún anecdotario del rock,
forma parte de las cientos y cientos de sabrosas referencias que dan sazón a
“El instinto musical. Escuchar, pensar y vivir la música” (Turner, 2010), del químico, doctor en Física y editor de
la revista Nature, Philip Ball.
Se trata de un libro de divulgación científica que, sin
embargo, enlaza de forma fascinante los procesos biológicos y cerebrales
involucrados en la audición e interpretación musical, con una amena erudición
artística que hará las delicias de músicos y melómanos.
La obra analiza cómo surge y se manifiesta en las
personas la capacidad de escuchar y apreciar patrones sonoros, algo que casi
todos poseemos y que es la esencia de la musicalidad. “¿Por qué resulta
comprensible la sucesión de sonidos que denominamos música? ¿Qué queremos decir
cuando afirmamos que la “entendemos” (o que no)? ¿Por qué nos parece que la
música tiene un significado, así como un contenido estético y emocional?”. Estas son algunas preguntas que se buscan contestar, y cuyas respuestas sacan a
relucir la fuerte ligazón entre el arte sonoro y el hecho mismo de ser humanos.
Porque es posible hallar sociedades sin escritura e incluso sin artes visuales,
pero aún no se ha dado con ninguna que prescinda de la música.
Otro aspecto interesante tiene que ver con cómo lo
musical contacta ambos hemisferios cerebrales y pone a trabajar todas las zonas
de nuestro aparato mental, no existiendo porciones específicas para ello, como
sí las hay con actividades como el lenguaje o la memoria. Así, Ball dice que es
“gimnasia para la mente”, algo explotado, por ejemplo, con el llamado “efecto
Mozart”, el cual el autor echa por tierra. “La música de Mozart no tiene ningún
poder intrínseco y misterioso de volver más listos a los niños”, sostiene,
indicando que se trata más bien de que el rendimiento mejora cuando se escucha
alguna obra que sube el ánimo. Esto, claro es, dependerá de los gustos de cada
cual.
Y para coronar este notable recorrido por el poder de la música y, por cierto, a través de la historia y teoría del arte sonoro, cada ejemplo musical citado en sus más de 500 páginas puede ser escuchado en el link http://www.bodleyhead.co.uk/musicinstinct/

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