Después del desborde de tus últimas tempestades, después de
tus sibilantes alaridos, después del arrítmico abatir de tus puños contra mi
carne oscilante, después de mi hinchazón purulenta y del estéril derrame de mi
sangre, después, mucho después de todo aquello, seguiré tendida aquí esperando
tu regreso, disimuladamente amoratada para que siga siendo nuestro secreto,
perdidamente amor-atada, porque como dice la canción que bailamos esa vez tan
apretados, el amor hiere. Pero sé que tú me quieres, nadie podrá decirme jamás
lo contrario, sé que me quieres, que me quieres callada y sumisa, que me
quieres trizada como el espejo que me derramó cien cicatrices, que me quieres
con la cara limpia a goterones de llanto, que me quieres rota, que me quieres
coja y maltrecha, que me quieres quizás hasta muerta, pero me quieres, ¿verdad?
(Microcuento publicado en la antología "¡Basta! + de 100 hombres contra la violencia de género" / Asterión Ediciones, 2012).
Absolutamnete estremecedor, Daniel.
ResponderEliminarEn una prosa magnífica pones voz a la desgracia eterne de las mujeres tan enamoradas como rehenes de su maltratador.
Mis aplausos por este micro.
Un saludo.