lunes, 30 de mayo de 2011

Carver sin la podadora


Pocas veces los lectores pueden darse un gusto como el que ofrece “Principiantes”, de Raymond Carver.

No es que se trate de un nuevo volumen con cuentos rescatados de entre los papeles póstumos de este gran escritor estadounidense, considerado un maestro de la narración breve y el iniciador del llamado “realismo sucio”.

No, el asunto es más sencillo y complejo a la vez. En realidad, se trata del manuscrito que Carver concluyó en 1980 con miras a que se convirtiera en su segundo libro, el cual al pasar bajo el cedazo del mítico editor Gordon Lish sufrió modificaciones radicales.

Terminó llegando a librerías bajo el título de “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, con la mitad de páginas y con cuentos que cambiaron de nombre y fueron reducidos incluso hasta en un 78%. Así ocurrió, por ejemplo, con “El señor Café y el señor Arreglos” y “El baño” (“¿Dónde está todo el mundo?” y “Algo sencillo y bueno”, respectivamente, en el original).

Para el lector habituado al estilo certero y afilado que hasta ahora llena de laureles a Carver, “Principiantes” constituirá una verdadera sorpresa. Y es que, como bien dijera el poeta y crítico, Blake Morrison, “El verdadero Carver no es carveriano” y se da licencias que podrían caer en la verborrea.

Para quienes, al contrario, desembarquen por primera vez en sus páginas, hallarán en este libro historias quizás imperfectas, pero magistrales, como “Dile a las mujeres que nos vamos”, “¿Por qué no bailáis?” o “Tanta agua tan cerca de casa”.

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