
En la capital, frailes que se pelean el poder de la iglesia con garrotes, cuchillos y machetes; cautivo en pleno territorio mapuche, fray Lorenzo de Argomedo recibe un trato noble y civilizado por parte de los araucanos. Dos mundos lejanos y opuestos son los que contrasta Jorge Guzmán en su novela “Deus machi” (Lom, 2010), un fresco de ficción histórica que invita al descubrimiento de cotidianidades olvidadas, con la llamada “guerra defensiva” (siglo XVII) como telón de fondo.
Tomado prisionero luego de una arremetida indígena liderada por el toqui Anganamón, y en la cual incluso pereció el Gobernador, sorpresivamente el jesuita se convierte en protegido de sus captores, quienes lo cuidan y alimentan, haciéndolo sentir casi parte de su comunidad. En medio de este ambiente, fray Lorenzo sostendrá una lucha interior por seguir apegado a sus convicciones cristianas.
El relato de esta vida armónica, cruzada eso sí por la sombra de la guerra con los españoles, se irá intercalando con historias centradas en Santiago, donde se tejen diversas intrigas políticas y también de alcoba, evidenciando la corrupción instalada en las familias más poderosas.
“Y los Richter habían prosperado en los últimos años con la cacería, la compra, la venta y la exportación de indios hacia Huancavelica y Potosí. Nadie obedecía las órdenes reales. Y nadie ignoraba que estaba establecido el negocio de aprisionar como esclavo a cualquier indio, de paz o de guerra, niño, niña o mujer, cada vez que se podía”, se narra en la novela, evidenciando lo fraudulento del enriquecimiento de algunas castas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario