sábado, 14 de mayo de 2011

La culpa es del tango


El personaje principal de “Tango en el desierto” (Alfaguara, 2011), de Hernán Valdés, no tiene nombre. Es un prisionero político deportado a Antófaga (“la devoradora de flores”), donde arriba sintiendo un perverso regocijo, dado que siempre soñó con estar en medio del paisaje desértico.

Todo indica que se trata de un escenario de nuestra historia reciente, pero la exuberancia imaginativa del autor deja la puerta abierta a cualquier posibilidad. Así, la extravagante historia que mueve esta breve novela (166 pp.) podría haber ocurrido asimismo en Libia o Australia.

La magia se inicia cuando los relegados se dispersan y un oficial le entrega al protagonista una tarjeta de una tal baronesa Cybeles von Floto, que quiere verlo porque cree que podría ser sobrino suyo. En un principio piensa que se trata de una broma, un típico juego de los militares para burlarse de su credulidad. No obstante, guarda la tarjeta y averigua dónde ubicar El Edén, lugar en que reside la misteriosa mujer, que le recuerda a una tía que nunca conoció. Allí descubrirá la verdad sobre Cybeles: cantante de tangos sin voz, pero sí con muchos encantos, los mismos que aprovechó el barón von Floto para sellar ventas de armas con diversos tiranos alrededor del mundo.

“Este iba a ser un paraíso donde vendrían a refugiarse sus amigos, sus clientes, después de la guerra, y yo iba a ser la estrella, la anfitriona, pero ya sabes, nadie vino y yo me quedé sola y prisionera…”, se lamenta Cybeles.

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