
Como pieza musical, un nocturno transmite tranquilidad, sosiego, pero a la vez también un aire de nostalgia, a ratos oscuro y melancólico.
Revisada esta definición, el nombre del primer libro de cuentos del escritor británico de origen japonés, Kazuo Ishiguro, no pudo ser más acertado. “Nocturnos. Cinco historias de música y de noche”, entrega, tal cual, lo que ofrece.
Recogiendo los claroscuros y grises presentes en sus novelas, que lo han hecho universalmente reconocido, como “Los restos del día”, el autor se atreve con las formas más breves y termina por crear un libro conceptual en torno al arte, los sueños y la derrota.
Así, por ejemplo, en “Nocturno”, las presiones de su ex esposa y su manager llevan a un saxofonista de segunda línea a someterse a una cirugía plástica, con el fin de mejorar su aspecto y darle así un nuevo aventón a su carrera. Convencido de su talento, el músico acepta a regañadientes, y mientras se recupera en un hotel, aún con la cara vendada, conoce a Lindy Gardner, una estrella de televisión recién divorciada y también convaleciente de una cirugía estética. Junto a ella, con quien protagoniza aventuras muy llenas de humor inglés, el músico se convencerá de que el talento no lo es todo en la vida.
Quizás algo rebuscadas, las tramas de este tipo se repiten en este volumen, donde cada cuento exhala un reposado aire de precariedad y desengaño, firma distintiva de Ishiguro, quien no apuesta por la sorpresa ni el knock out de último minuto.
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