sábado 17 de diciembre de 2011
Lo que oculta el mapa
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reseñas
La máxima heideggeriana de que el hombre es un ser para la muerte atraviesa de cabo a rabo las 377 páginas de “El mapa y el territorio” (Anagrama, 2011), la esperada última novela de Michel Houellebecq.
Menos polémica que sus entregas anteriores, en donde auscultó temas como el turismo sexual en países del tercer mundo (“Plataforma”), esta obra obedece a un esquema y a un tono mucho más convencional. Lo que no cambia eso sí es la mirada crítica, lúcida-ácida a Europa y la sociedad contemporánea, en donde “el valor comercial del sufrimiento y la muerte había llegado a superar al del placer”, como se dice Jed Martin, protagonista de la historia, en relación a un exclusivo centro de eutanasia en Suiza.
La narración va develando la vida de Jed desde su juventud y sus inicios como artista visual, carrera en la que encuentra un éxito apabullante gracias a una exposición de fotografías que reproducen los mapas de la renombrada guía Michelin. “El mapa es más interesante que el territorio”, se titula la muestra, que lo catapulta a la primera línea del mundillo artístico francés.
No obstante la fama y el dinero, Jed no deja atrás su sombra de ser anodino y solitario, aura que quizás tenga que ver con el temprano suicidio de su madre y la distante relación con su padre, un exitoso arquitecto que termina por confesarle que siempre quiso ser artista.
“Es curioso, podría creerse que la necesidad de expresarse, de dejar huella en el mundo, es una fuerza poderosa; y, sin embargo, por lo general, no basta. Lo que mejor funciona, lo que empuja a la gente con la mayor violencia a superarse sigue siendo la pura y simple necesidad de dinero”, comenta el padre, reflexionando sobre uno de los ejes del relato: la creación artística, su valor y su precio.
Pero “El mapa y el territorio” no se queda en esto y abarca también la búsqueda de la belleza y lo efímero y nimio de ésta al ver la vida en una perspectiva en la que el único destino conocido es la muerte. Además, en una ágil vuelta de tuerca, la obra se convierte en una novela negra, en donde la víctima decapitada y descuartizada junto a su perro es el propio escritor Michele Houellebecq, a quien Jed le ha regalado un retrato avaluado en 12 millones de euros.
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